Viajes

La tormenta

Entre el 12 y el 15 de febrero de 1493, las dos carabelas supervivientes de la expedición del Almirante genovés Cristóbal Colón, en su viaje de regreso desde las recién “descubiertas” “Indias” (en realidad, algunas islas antillanas, incluyendo Cuba y Santo Domingo), soportaron y escaparon milagrosamente a una de las peores tormentas del siglo XV. Ambas embarcaciones fueron separadas, y cada una de ellas alcanzó tierra en distintos puntos de la península ibérica (la Pinta en Galicia, la Niña en Lisboa). Cuando ancló en la capital portuguesa el 4 de marzo de ese año, Colón fue informado de que una flota de 100 carabelas se había perdido en la misma tempestad.
Los textos citados del Cuaderno de Navegación del Almirante (conservado fragmentariamente, especialmente a través de los comentarios realizados por su amigo personal, el famoso fray Bartolomé de Las Casas) expresan el grado de desesperación que la tempestad provocó en los marineros y su capitán, que ofrecieron innumerables votos religiosos si lograban salvarse (votos que, por cierto, fueron escrupulosamente cumplidos). El propio Colón fue uno de los romeros, concretamente a Santa María de Guadalupe y a Santa Clara de Moguer.
¿Cómo escaparon las dos pequeñas y destrozadas naves a tamaña tormenta? ¿Milagro? ¿Destino? Misterio. Las dos carabelas no estaban precisamente en buenas condiciones...

“...hacían agua mucha las carabelas por la quilla, y quejase mucho de los calafates que en Palos las calafatearon muy mal y que cuando vieron que el Almirante había entendido el defecto de su obra y los quisiera constreñir a que la enmendaran, huyeron” (Las Casas).

De hecho, Colón no “descubrió” la actual Puerto Rico (“isla de Caribe”) por la mucha agua que hacían los cascos de las naves, un problema que no tenía otra solución sino retornar apresuradamente a España y confiar en que las tablas (y las jarcias, y los palos) lograran resistir el viaje.
La carabela Pinta ya había sufrido la rotura del timón tres días después de partir de Palos (3 de agosto de 1492), siendo el mismo reparado en Canarias, en la isla de La Gomera (algunas fuentes indican que la barra de gobernalle fue dañada a propósito por algún tripulante que no quería seguir viaje). Durante la travesía de retorno, apenas si podía bolinear (navegar de bolina u orza) porque se ayudaba poco de las velas latinas del palo de mesana, mástil enteramente dañado. A propósito de este punto, Las Casas anota, a partir de los Cuadernos colombinos:

“Si el capitán de la carabela, que es Martín Alonso Pinzón, tuviera tanto cuidado de proveerse de un buen mástil en las Indias, donde tantos tales había, como fue codicioso en se apartar de él [Colón] pensando en hendir el navío de oro, él lo pusiera bueno”.

Las carabelas sobrevivientes de la expedición de Colón pertenecían, la Pinta, a Juan y Cristóbal Quintero, y la Niña, a Juan Niño, todos vecinos de Palos. Ambas fueron obtenidas por secuestro, es decir, por embargo y en virtud de mandato real. Debido a los escasos presupuestos que poseía la Corona de Castilla tras la campaña contra el reino árabe-andalusí de Granada y la toma final de esa gran ciudad, el costeo de las naves y el armado de la expedición fue realizado bajo presión de mandamiento real a los vecinos de la villa de Palos. Esta villa había de hacer pagos a la Corona, a manera de multas fiscales, a causa de subversiones y querellas a la autoridad real que allí se produjeron. Por ende, puede comprenderse que la calidad de naves y pertrechos -tomados a la fuerza y bajo presión- no fuese precisamente la mejor. Aún cuando sus Majestades Católicas prometieron exceptuar de impuestos a todo aquel que colaborase en armar la expedición, el proceso tomó más de dos meses y medio, hecho que señala claramente la pésima predisposición existente.
Pero volviendo a la tormenta, Colón siempre confió en que escaparían a sus garras, aún cuando su ánimo flaqueó y se derrumbó totalmente. Confiaba “en que Nuestro Señor, que lo trujo [a América], lo tornará por su piedad y misericordia”. No merecía menos, según él, después de haber vencido tanta controversia en tierras españolas, donde “ninguno fue en su favor, sino Él, porque Él sólo sabía su corazón”.



Vínculos externos

Ver los “Diarios” de Colón (Biblioteca Virtual Cervantes)
Ver otros documentos relacionados con Colón (Biblioteca Virtual Cervantes)
Ver libros sobre Cristóbal Colón (Google books)

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